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Como
es costumbre, la Kultur AG del Club Latino organizó una
vez más el paseo cultural,
en esta ocasión a uno de los
castillos más hermosos de Alemania. Aquí el reporte del
viaje.
► Alexandra Maronski
alexandramaronski@clublatino-ac.de
Unas
27 personas, muchas de ellas con pocas horas de sueño, se
encontraron el 30 de abril a las 5:30 de la mañana en la
estación de tren de Aachen. La razón, la excursión
del Club Latino al Castillo Eltz, una experiencia difícil de
olvidar por los instantes tan bellos que se vivieron juntos.
Con
el Wochenende Ticket en mano partimos con dirección a
Koblenz. Después de una escala en Colonia y un segundo tren
alcanzamos nuestra primera meta, el Deutsches Eck. Este es un
lugar histórico y turístico donde el río Mosel
desemboca en el Rin. Desde lo alto del monumento construido como
símbolo de la unidad alemana – destruido durante la Segunda
Guerra Mundial y reconstruido posteriormente – nos fue posible
observar el paisaje y notar el cielo un tanto gris en aquel momento –
algo que hacía preocupar a los organizadores – . Una vez
comprados los tiquetes para el barco, el grupo subió al
Jeverland a las 9:45. Ya a bordo no faltaron los cafés,
las cervezas, las partidas de cartas, las canciones y las notas de la
guitarra así como las bromas de unos a otros.
Durante
el recorrido por el Mosel, los barcos deben pasar una serie de
esclusas para que sean ubicados a la altura correcta y puedan
continuar su camino. En total hay 28 esclusas de las cuales diez
están en Alemania, nosotros pasamos por dos. Por suerte, el
sol eventualmente decidió mostrar su cara. Aparecieron frente
a nuestros ojos pintorescos pueblitos y zonas para acampar
además
de la extensión de viñedos más grande de
Alemania, el Winninger Weinanbau.
A
la 1:45 de la tarde, casi una hora más tarde de lo planeado,
llegamos finalmente a Moselkern. Después de bajar del
Jeverland, iniciamos nuestra caminata hacia el Castillo Eltz
en medio del bosque y las montañas, acompañados del
sonido de un pequeño arroyo y del canto de los pájaros.
Tardamos unos 45 minutos en llegar al castillo. Todos arribamos con
la esperanza de poder descansar un rato; sin embargo, nos aguardaba
ya la visita guiada de tal forma que el descanso fue mínimo.
Una vez que dejamos nuestras mochilas en un salón iniciamos
nuestro recorrido por las habitaciones del Castillo Eltz.
Ya
terminada la visita al interior del castillo, donde tuvimos la
oportunidad de escuchar acerca de su historia y apreciar sus tesoros,
salimos a tomar un poco el sol. Después de una foto grupal
frente al castillo, emprendimos el regreso a Moselkern, donde
debíamos tomar el tren de vuelta a Colonia. Como en un
principio habíamos subido en asunto de 45 minutos, pensamos
que bajar se iba a hacer más rápido. Lo cierto es que
cuando faltaba alrededor de un kilómetro para llegar a la
estación de este pequeño pueblo, nos dimos cuenta de
que faltaban 12 minutos para la salida del tren. Esto nos obligó
a correr desesperadamente como una gran manada e intentar llegar a
tiempo. Por suerte, después de una pequeña
maratón,
alcanzamos nuestro objetivo y ya dentro de los vagones, cansados de
un día de excursión, muchos de nosotros fueron vencidos
por el sueño mientras otros, con fuerza aún, comentaban
lo que habían vivido.
En
Colonia nos dirigimos a la última parada de nuestro paseo, el
restaurante peruano “El Inca”. Todos estaban ansiosos por beber y
comer. La comida no se hizo esperar mucho; durante la cena, fuimos
acompañados por la música de un guitarrista y de una
mujer con una voz prodigiosa. Los platos estuvieron muy bien a pesar
de que algunos le encontraron ciertos puntos críticos al
cocinero.
Por
ahí de las once de la noche y sin haber degustado su postre
aún, varios de nosotros comenzaban a planear el regreso a
Aachen. Se sabía de un tren que partía de Colonia a las
12:16 AM, el cual iba a tomar la mayoría del grupo. El postre
fue traído y devorado para poder así partir con
prontitud. Desgraciadamente, para cuando todos habíamos pagado
nuestras bebidas, se nos había hecho un poco tarde, eran las
11:40 PM. Nuevamente, la gente se vió obligada a correr
apresuradamente y luego tomar el subterráneo para llegar al
andén antes de la salida del tren. Cuando al final llegamos a
la estación, nos encontramos con la noticia de que el tren
tenía un retraso de 40 minutos, lo que nos permitió
disfrutar de un respiro luego de tanta agitación. Durante el
viaje de vuelta, no se escuchó nada, todos caimos dormidos
hasta que una voz anunció que habíamos alcanzado
nuestro destino.
En
pocas palabras, disfrutamos de una excursión muy agradable,
excelentemente organizada. Esperamos que la próxima
ocasión
más personas deseen participar, compartir y conocer un poco
más sobre la historia y la cultura alemanas.
-
El Castillo Eltz -
El
Castillo Eltz se remonta al año 1157 cuando Rudolf von Eltz
recibió de manos del Emperador Federico I de Barbarossa un
pedazo de tierra cerca del río Mosel. Su ubicación era
ideal debido a que estaba sobre la vía comercial más
importante del Reino Alemán, la cual comunicaba el río
con el Eifel y el fructífero Maifeld.
El
castillo nunca fue visto como una fortaleza por sus habitantes,
más
bien fue ideado y utilizado como un hogar simplemente. Dado que la
estructura fue construida sobre un monte circundado por un arroyo, su
arquitectura tuvo que adaptarse al relieve y dimensiones del lugar y
se erigieron así habitaciones de distintos tamaños y
formas. La construcción del castillo tardó uno 500
años; la edificación cuenta con 8 torres y 100
habitaciones.
En
el año 1268 tres hermanos se repartieron parte del castillo y
eventualmente aparecieron así tres dinastías: la Casa
Rübernach, la Casa Rondendorf y la Casa Kempenicher. Luego de
800 años y 33 generaciones, el castillo sigue estando en manos
de la familia Eltz, quien desde hace cierto tiempo ha abierto la
posibilidad al público de visitar las maravillas que ofrecen,
no sólo el castillo, sino también sus alrededores.
© Revista La Tina, Club Latino Aachen e.V. ,
2005